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Ficha de Plantas

Árboles y palmeras

Coníferas

Arbustos y trepadoras

Plantas de flor

Plantas de interior

Frutales y huerto

Cactus y crasas

Gramíneas

Acuáticas

Frutos vistosos comestibles

Flor: otoño-invierno

Hoja perenne

Temperatura media o alta

Pleno sol o sombra parcial

Cualquier sustrato, suelto, profundo, bien drenado

Riego moderado regular

¿COMER O NO COMER LOS MADROÑOS?

Los madroños maduros —los muy rojos, a punto de desprenderse o en el suelo— tienen un sabor dulce y levemente ácido. Se pueden consumir crudos, aunque siempre con moderación: el propio nombre específico, unedo, quiere decir solo uno, una recomendación teóricamente relacionada con la embriaguez que pueden causar, a pesar de que el porcentaje de alcohol que se suele encontrar en ellos es muy bajo. Lo más probable es que el consejo apunte a los problemas de estómago que puede acarrear su alta concentración de taninos. Los madroños se utilizan sobre todo para elaborar mermeladas (en Internet se pueden encontrar numerosas recetas) y vino, vinagre, licor y aguardiente, gracias a la fermentación de los carbohidratos que contienen en gran cantidad.

Reportaje completo

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verdeesvida nº 83

ARBUSTOS Y TREPADORAS

Arbutus unedo

Madroño

Descripción

Este bello arbolito o arbusto de origen mediterráneo tiene la peculiaridad de florecer a la vez que maduran sus vistosos frutos, y todo ello sobre el fondo verde oscuro de su follaje perenne. Lo hace, además, en otoño e invierno, convirtiéndose en un foco de atracción en el jardín o el patio en una época del año con poca presencia de flores y mucha rama desnuda. Vive bien prácticamente en toda la Península y Baleares, siempre que no esté expuesto a temperaturas que bajen de -17º (zonas 7-10), y soporta bien la sequía y el calor. Crece lentamente y suele desarrollar entre 1,5 y cinco metros de altura.

 

Porte, estructura y follaje

El esbelto madroño ramifica profusamente desde la base, lo que da lugar a frondosos ejemplares de tipo arbustivo. Las ramas son rojizas cuando jóvenes y las más viejas se revisten de una corteza grisácea escamosa. Sus lustrosas hojas coriáceas, alargadas y acabadas en punta, se parecen a las del laurel, aunque con los márgenes aserrados.

 

Flores y frutos

A partir del otoño y durante todo el invierno emite pequeñas flores blancas o rosadas en forma de urna, reunidas en panículas colgantes con pedúnculos rojos. Son nectaríferas. Los carnosos frutos, también llamados madroños, son bayas esféricas de 1,5-2,5 centímetros de diámetro y superficie granulada. A lo largo de un año van pasando por todas las tonalidades del amarillo y el naranja antes de alcanzar un radiante tono escarlata al madurar. Su dulce pulpa amarilla es comestible y contiene diminutas semillas.

 

Cultivo y cuidados

Le gusta el sol pero vive bien en sombra parcial. Aunque es una ericácea y, por lo tanto, prefiere los suelos ácidos, también se adapta a los calizos; pueden ser pobres o ricos en nutrientes, la condición esencial es que sean profundos, frescos y bien drenados. El exceso de abono puede convertirlo en presa fácil de los pulgones, en cuya secreción surge el hongo negrilla que ennegrece las hojas y dificulta la fotosíntesis. No sobrevive a los trasplantes, dadas sus profundas raíces pivotantes, pero retoña con facilidad incluso tras el fuego. Necesita riego moderado pero regular. Se puede podar ligeramente, si fuera preciso, para mantener la forma.

 

Usos

Se puede utilizar como ejemplar aislado o en grupos. Vive bien en maceta, siempre que sea grande y profunda.

 

Foto: Lotus Johnson