Cuando llegue el frío, planta ajos

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Cuando llegue el frío, planta ajos

El cultivo del ajo es uno de los más sencillos y agradecidos del huerto. Las bajas temperaturas hacen de noviembre y diciembre los meses más apropiados para sembrarlo. Puedes utilizar dientes sanos de tu depensa y en poco tiempo disfrutarás de unos tiernos y sabrosos ajetes, y un poco más adelante, de estos deliciosos bulbos, imprescindibles en la mayoría de los platos de la cocina mediterránea.

Lo primero que debes hacer es seleccionar los ajos que vas a utilizar para la siembra. Ten en cuenta que esta hortaliza no se reproduce a partir de semillas sino plantando dientes que luego darán lugar a una cabeza completa de ajos. De cada cabeza, escoge los dientes de mejor aspecto y mayor tamaño, sanos y bien desarrollados, para mantener las mejores características de la variedad. Puedes reproducir tus propios ajos durante algunos años pero al final empezarán a perder calidad. Es mejor que cada cuatro o cinco años adquieras nuevos ajos de plantación. La época de plantación puede variar desde el otoño hasta principios de la primavera, pero noviembre y diciembre son buenos meses de referencia en España.

 

La época de plantación puede variar desde el otoño hasta principios de la primavera, pero noviembre y diciembre son buenos meses de referencia en España.
Cómo preparar el terreno

El ajo se adapta bien a distintos tipos de suelos, siempre que no sean ácidos (pH menor de 6,5), aunque los prefiere ricos, ligeros y bien drenados, como la mayoría de las bulbosas. Búscale un lugar soleado, afloja la tierra y añádele abono orgánico (compost o estiércol) que libere lentamente los nutrientes a lo largo del cultivo y contribuya a mantener una buena estructura y textura. A continuación lábrala hasta obtener un sustrato suelto y uniforme. También puedes plantarlo en jardineras y mesas de cultivo de huerto urbano.

 

La plantación de los dientes

Los dientes se deben plantar sin pelar y con la punta hacia arriba. Sitúalos en líneas, dejando entre dientes algo más de lo que ocuparía una cabeza de ajo. Puedes introducirlos directamente con la mano si el sustrato está bien mullido, o hacer un surco poco profundo, plantar los dientes y después taparlos con tierra.

 

Cómo cuidar el cultivo

• Riego: Los ajos rara vez se riegan. Al cultivarse en la época más lluviosa del año suelen tener suficiente humedad para crecer. De hecho, un riego excesivo o el encharcamiento pueden dañar seriamente la producción. Únicamente en caso de sequía se recomienda regar un poco.

• Escarda: El cuidado principal que requiere el ajo es la escarda. Es necesario eliminar periódicamente las malas hierbas para evitar que compitan con el cultivo. Una manera de prevenir su aparición es acolchar la tierra con paja limpia.

• Protección contra los hongos: Una vez que los dientes de ajo han germinado y los tallos alcanzan unos 10-15 centímetros se suele esparcir ceniza de madera sobre las líneas para prevenir posibles ataques de hongos como la roya. También puedes aplicarles un fungicida ecológico basado en equisetonina, totalmente biodegradable.

 

La cosecha y la conservación

Transcurridos unos ocho meses de la plantación, los ajos ya estarán listos para ser extraídos del suelo. Las plantas deben empezar a secarse en la tierra antes de cosecharlas. Si el terreno está suelto podrás retirar los ajos tirando directamente de las hojas; caso contrario, tendrás que echar mano de una pala de corte. Normalmente se dejan 4-5 días sobre la misma tierra para que acaben de secarse, siempre y cuando no llueva o esté mojada. Extiende los ajos de manera que las hojas de unos cubran las cabezas de los otros para que los bulbos no reciban demasiado sol directo.

Una vez secos debes almacenarlos en un lugar fresco y sin humedad. Puedes colgarlos en ristras o guardar las cabezas una vez cortadas las hojas secas.


Ajos y ajetes son dos sabrosos y saludables productos del huerto, muy fáciles de cultivar. Plántalos en línea en un lugar soleado. Copyright: iStock

Un saludable (y antiquísimo) cultivo

Un saludable (y antiquísimo) cultivo

El Allium sativum, el popular ajo, pertenece al mismo género que la cebolla (Allium cepa), el puerro (Allium porrum), la cebolla de invierno o cebollino (Allium fistulosum) y preciosas variedades ornamentales de floración primaveral en forma de grandes inflorescencias globosas rosadas, fucsias y púrpuras. Se supone que el ajo, omnipresente en la cocina española, forma parte de la dieta humana desde hace más de 7.000 años. Es originario del oeste de Asia, desde donde fue introducido en el Mediterráneo. Se lo considera muy saludable por sus innumerables propiedades medicinales, entre ellas su capacidad antibiótica, antihipertensiva y vermífuga.
Foto: iStock

Obtén sabrosos ajetes

Obtén sabrosos ajetes

El ajete o ajo tierno no es una especie distinta del ajo convencional. Lo que cambia es el manejo que se hace de él. En lugar de plantar dientes se utilizan cabezas de ajo enteras. De cada diente surge un tallo que se consume fresco, sin esperar a que la planta genere un bulbo y complete su ciclo. Su cultivo es todavía más sencillo que el del ajo:
• Después de abonar y labrar la tierra, cava un surco no muy profundo y sitúa en él cabezas enteras de ajo, siempre con las puntas hacia arriba. Cúbrelas con tierra creando un caballón.
• A medida que broten los tallos debes aporcarlos como se hace cuando se cultivan puerros. Esta tierra que se arrima conseguirá que los brotes no produzcan clorofila y se mantengan blancos y tiernos.
• Los ajetes se pueden cosechar en cuanto los tallos tengan tamaño suficiente para ser consumidos, lo que suele ocurrir en el mes de marzo. No hace falta cosecharlos todos de una vez, puedes hacerlo a medida que los vayas utilizando. Eso sí, en mayo los bulbos empezarán a engrosar, formarán pequeñas cabezas de ajo y los tallos se volverán duros.
Foto: iStock

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página 56

verdeesvida nº 77