El poder purificador de las plantas está en las raíces

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El poder purificador de las plantas está en las raíces

Es sabido que las plantas purifican el aire, especialmente las de origen tropical y subtropical que cultivamos dentro de casa. Estas especies son capaces de absorber las sustancias contaminantes dispersas en el ambiente, un proceso de enorme valor para la salud de las personas que se realiza en un 90% a través de las raíces. Te contamos cómo lo hacen y cómo puedes sacarle partido.

El aire que respiramos en el interior de casa se halla a menudo cargado de sustancias poco saludables que no solo proceden del ambiente contaminado de la calle sino también de líquidos y materiales habituales en el entorno doméstico. Los productos de limpieza, las pinturas y barnices, pegamentos, moquetas, muebles, aparatos electrónicos… liberan compuestos orgánicos volátiles —benceno, tricloretileno, formaldehído, tolueno, ftalatos, amoníaco—, alérgenos, ácaros, esporas de moho… a los que se suman el dióxido de carbono, el polvo fino y el dióxido de nitrógeno que provienen sobre todo del exterior y del humo de la combustión del tabaco, las velas o la chimenea.

 

Cuando los ambientes de la casa o la oficina no se ventilan adecuadamente, la alta concentración de esas sustancias puede provocar el llamado síndrome del edificio enfermo, que se traduce en malestar —dolor de cabeza, irritación de las mucosas, mareos, lagrimeo—, dificultades para dormir, cansancio, problemas de concentración... Niños, mayores y alérgicos son los más sensibles a sus efectos.

 

El aislamiento térmico que exige el ahorro energético no contribuye precisamente a disfrutar de unos ambientes ventilados. Contar con una atmósfera limpia, libre o al menos con una baja concentración de estas sustancias, es sobre todo importante en los espacios donde se pasa más tiempo: el despacho, el salón, los dormitorios… Para paliar el problema se pueden abrir las ventanas varias veces al día o instalar purificadores de aire. Sin embargo, la solución más natural está en las plantas y su potencial depurador, una cualidad que se suma a sus otras ventajas: producen oxígeno, consumen dióxido de carbono, humidifican el ambiente, sirven para amortiguar el ruido, y además decoran llenando de vida verde cualquier entorno, con beneficiosos efectos psicológicos de relajación y calma.

 

Hojas y raíces depuradoras

Las plantas se valen de dos vías para purificar el aire. Los estomas del envés de las hojas, fundamentales para el intercambio dióxido de carbono-oxígeno, dejan entrar también algunas sustancias nocivas, que son descompuestas por las enzimas. En este proceso se produce oxígeno, además de sustancias metabólicas no tóxicas que se almacenan en las paredes celulares en forma de ácidos orgánicos, glucosa, etcétera.

 

Sin embargo, mucho más efectiva es la absorción de los tóxicos volátiles en la zona radicular, a cargo de las bacterias del suelo y de las enzimas que producen las finísimas raíces capilares, que descomponen las sustancias nocivas en nutrientes que se acumulan en hojas y tallos.

 

Las campeonas en purificación del aire son las plantas de interior, nativas de las regiones tropicales y subtropicales del planeta, entre ellas muchas de las más habituales en nuestras casas (consulta la lista de 50 especies en Plantas purificadoras: aire limpio dentro de casa). Para que estas plantas ejerzan sus efectos beneficiosos solo hay que situarlas en el lugar adecuado y darles los cuidados que necesitan para mantenerse sanas (¡cuidado con el exceso de riego!).

Agradecemos a Airy y Digebis su colaboración en este artículo.


Más información:

Plantas purificadoras: aire limpio dentro de casa

La limpieza del aire es especialmente importante en los ambientes donde se pasa más tiempo, como el salón. Las plantas actúan como el filtro más eficaz. Foto: iStock

Una maceta que airea el cepellón

Una maceta que airea el cepellón

Si las encargadas de depurar el aire son fundamentalmente las raíces, es clave que entren en contacto con él si se pretende potenciar esa función. Buscando una solución a sus problemas de alergia, el alemán Helge Knickmeier halló en aquel ya célebre estudio de la NASA de 1989, que documentaba la capacidad de las plantas para purificar el aire y lo atribuía en casi un 90% a la acción radicular, el punto de partida de la invención de Airy, una familia de macetas de autorriego diseñadas ex profeso para facilitar la aireación del cepellón.

Al contrario de lo que sucede con las macetas cerradas, en estas el aire llega a las raíces a través de unas laminillas situadas en la parte inferior del recipiente y las atraviesa gracias al efecto chimenea que produce su estructura de doble tiesto. Esto favorece una absorción mucho más rápida y eficaz de los contaminantes y la formación de raíces capilares. La ventilación también resulta beneficiosa para las bacterias y hongos útiles presentes en el sustrato. Con ello, “una sola planta consigue los mismos resultados que ocho de su especie en macetas tradicionales”, asegura el fabricante. “En 24 horas, este sistema planta-tierra-maceta puede neutralizar en torno a un 75% de los contaminantes ambientales más nocivos en una habitación de 16 metros cuadrados”.
Foto: Airy / Digebis

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verdeesvida nº 84