Verde es Vida nº91
46 verdeesvida GRANDES JARDINES Los juncos luminosos de Yann Kersalé Durante el día, los juncos traslúcidos instalados por Yann Kersalé en el jardín del museo apenas se distinguen entre los helechos y las altas hierbas ornamentales. Una discreta incógnita que se revela al atardecer, cuando se encienden para crear L'Ô, la ficción de un lago que inunda de líneas de luz los parterres y refleja círculos concéntri - cos en el techo del edificio. L'Ô, eau, agua, en referencia a las corrien- tes primordiales que subyacen en todas las culturas humanas. Este artista conceptual francés que utiliza la luz como materia de expre - sión y la noche como terreno de experimentación, instaló en el jardín 1.600 varillas de distintas alturas que cambian del blanco al turquesa y el añil en función de la temperatura registrada en una estación meteorológica. Kersalé es célebre por crear ficciones luminosas en el medio urbano y recorridos geopoéticos en la naturaleza. Las vallas que cie - rran el jardín sobre la calle de la Uni - versidad imitan la silueta de las plantas de los estanques. Una mampara transparente de gran altura aisla el jardín del bullicio de la calle al tiempo que deja ver su verdor. En sus 18.000 metros cuadrados, el jardín solo acoge especies bien adaptadas al clima parisino, lo que reduce el mantenimiento al mínimo. Grandes masas de gramíneas orna- mentales y helechos se extienden bajo el dosel de robles y arces de la zona norte, los pilotes que sostienen parte del escultural edificio de Jean Nouvel, y las magnolias japonesas y los cerezos ornamentales de la soleada zona sur. El bambú arropa un teatro de verdor: bosquecillo de altas varas cimbreantes, o ju- goso manto de especies enanas. Un jardín de musgos tapiza unas rocas. Unos rosales trepa- dores de flor blanca se recuestan sobre la se- miesfera de una pérgola... Del lado de la calle de la Universidad, un jardín acuático cierra el jardín con su cortejo de espadañas y juncos. Inmersión antes que contemplación Planteada como un juego desordenado de al- turas y volúmenes, esta sabana arbórea invita a perderse por los senderos que contornean los montículos plantados, a dejarse sorpren- der por los secretos del jardín, a detenerse en un claro, descansar en el domo cubierto de es- tipas, bajo la pérgola de las rosas o el cenador de las clemátides silvestres…Una experiencia inmersiva en una escenografía vegetal ajena a Fotos: Alamy Fred Romero
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