El riego en verano de las plantas mediterráneas: menos es más
¿Cuánta agua necesitan en verano plantas cuya genética está determinada por el régimen de lluvias típico de las zonas mediterráneas? El sentido común diría que poco. No obstante, lo más habitual es proporcionarles riegos demasiado generosos, no siempre beneficiosos: el exceso de agua puede enfermarlas.
Si una planta es originaria de regiones donde los veranos son calientes y secos, ¿cuánto se deberían regar en esa época del año? El influyente viverista Olivier Filippi, autor de El jardín sin riego, defiende que nada, tratándose de áreas donde no llueve en verano. Sin embargo, lo habitual suele ser lo opuesto: “Hay casos en los que se está usando ocho o diez veces más agua de lo que haría falta”, sostiene Enric Sancho, director técnico del vivero Cultidelta, especializado en plantas mediterráneas.
Dejando de lado los riegos de implantación (ver Por qué son tan importantes los riegos de implantación), esenciales desde el momento de la plantación hasta el arraigo, las especies mediterráneas ya establecidas necesitan muy poca agua: “La justa e imprescindible para que en verano mantengan una estructura foliar amable y se vean bien”, afirma.
Someterlas a un riego excesivo no solo es un dispendio de agua, un bien cada vez más escaso y costoso, sino perjudicial para este tipo de plantas.
Regar o no regar
La consecuencia más grave del exceso de riego en verano es que las plantas mueran por efecto de hongos del suelo, como la Phytophthora y el Pythium, que se propagan gracias a la combinación de calor y alta humedad, y/o encharcamiento.
La opción de no regar, es decir, plantearse una jardinería sin riego, es factible, aunque implicaría aceptar la dormancia y el agostamiento del jardín en verano.
La solución reside en el “abanico gigantesco de plantas que pueden vivir con muy poquita agua”, afirma el experto. “La paleta vegetal se ensancha notablemente si puedes darles un poquito, la justa para que la planta luzca”.
Lo justo y necesario
Ahora bien, ¿cómo acertar con la cantidad de agua y con el momento en que hay que regar? Aunque se trate en general de plantas de bajo riego, sus necesidades de agua serán distintas. Es preciso tener en cuenta la especie, la temperatura, el grado de humedad ambiental, la orientación, el tipo de suelo, el relieve, la incidencia del viento... No existe una fórmula única y es imperativo prestar atención a su demanda y comportamiento.
“Es necesario observar, estar pendientes de lo que van pidiendo las plantas”, aconseja. “Por ejemplo, por mucho que haya llovido o llueva, si las temperaturas son muy altas, la deshidratación será muy alta también; lo mismo o si hace viento. Por lo tanto, por mucha humedad que haya en el suelo, la planta requerirá un poco más de agua para que no se deshidraten las hojas”.
Un recurso útil para saber en qué momento regar es atender las señales que brindan algunas plantas indicadoras al ponerse lacias o semimarchitarse. Ese punto crítico debe decidirlo la persona a cargo del jardín. “El límite lo marca cada uno”, precisa Enric. “No pasa nada si una Salvia jamensis, por ejemplo, se ve con la hoja más pequeña, lo que no gusta es que se muestre marchita y seca. No hay que asustarse con las altas temperaturas y regar a la mínima: no es necesario”.
Plantas resistentes
Eso sí, para conseguir que las plantas se adapten a vivir con poca agua “tienen que estar habituadas, y para ello es imperativo forzarlas desde el inicio, es decir desde la fase de implantación, para lograr que se endurezcan lo necesario y su enraizamiento sea profundo. Si están acostumbradas al riego constante desarrollan un sistema radicular superficial, lo cual obliga a regarlas mucho para que no sufran, si es que a la larga no mueren a causa de los hongos”. En el jardín, las plantas se acostumbran a vivir con menos agua si se les proporcionan riegos largos y espaciados para que se endurezcan al máximo y las raíces profundicen. Por ejemplo: durante cuatro horas y luego nada hasta 15 días después.
La plantación en hidrozonas, es decir, combinando las plantas según su afinidad en requerimientos de agua (ver Verde es Vida n.107, hemeroteca online), contribuye notablemente a la optimización del riego y la sostenibilidad de las plantaciones.
Asimismo, los árboles y arbustos pueden beneficiarse de los alcorques, es decir, hoyos de riego en torno al tronco donde se puedan concentrar 10-15 litros de agua para que desciendan de forma vertical llevando la humedad hacia lo más profundo (ver Alcorques para concentrar el riego).
En macetas y contenedores, por el contrario, los riegos han de ser frecuentes y cortos para evitar el encharcamiento.
Aclarando conceptos: jardín seco, jardín sin riego, jardín de bajo riego
¿Qué es propiamente un jardín seco? Si nos atenemos a la etimología, seco significa que carece de agua. Jardin-sec.com se llama precisamente la web del vivero de Olivier Filippi, donde las plantas solo reciben agua de la lluvia a partir de la implantación. Es decir: jardín seco es estrictamente un sinónimo de jardín sin riego, es decir, donde las plantas no reciben agua suplementaria de ninguna clase y se asume la dormancia estival. Por lo tanto, por fidelidad al concepto y para evitar confusiones, no debería llamarse jardín sin riego al que carece de riego enterrado pero se riega con manguera u otros métodos. Según la cantidad de agua que se proporcione a las plantaciones, un jardín puede ser de bajo riego, o no.
Métodos de riego
• A manta: en el área mediterránea, la forma tradicional de regar los jardines y los huertos era a manta, es decir, por inundación, cubriendo toda la superficie, necesariamente nivelada, con el agua de acequias o canalillos. El sistema es óptimo en terrenos pequeños y con alta densidad de plantación, aunque apareja el desaprovechamiento de mucha agua, la irrupción de hierbas adventicias y la formación de una costra en la superficie del suelo.
• Con manguera: largamente utilizado hasta la aparición de los sistemas de riego automático, el riego con manguera es viable en jardines pequeños o medianos, implica mano de obra intensiva, la capacidad de calcular cuánta agua necesitan las plantas en cada momento, y una buena distribución del agua alrededor de toda la planta. Terminales de riego como las pistolas (foto de abajo), permiten ajustar la suavidad del chorro y el grado de dispersión.
• Por aspersión: la manguera también se puede acoplar a aspersores, que emiten el agua como una lluvia que va cayendo poco a poco hasta empapar. Resulta muy eficaz en plantaciones bien densificadas, caso contrario propicia la aparición de adventicias. Exige un manejo cuidadoso para no incurrir en un coste alto en agua, evitando que caiga sobre caminos o zonas del jardín que no precisan riego.
• Riego automático: para un gran número de paisajistas, este tipo de instalaciones son indispensables durante la fase de implantación de las plantaciones, pero también para proporcionar riegos de apoyo cuando sea menester. Bien diseñado y ejecutado, facilita enormemente el riego y aporta el agua de forma localizada, evitando el despilfarro. Se cuestiona su material —tubos de plástico— y sobre todo su estética, ya que suelen quedar a la vista (foto de abajo) en no pocos jardines, un problema que se soluciona con la ayuda de los acolchados. Además de los goteros —los autocompensantes aseguran un riego uniforme—, existen muchos otros tipos de emisores, como los microaspersores, los microdifusores y la cinta exudante, opciones que multiplican las ventajas de esta forma de riego. A ello constribuye el grado creciente de sofisticación de los programadores: algunos funcionan por wifi, o se pueden controlar desde el móvil mediante aplicaciones (foto de abajo).
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