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Pequeños jardineros: cómo regar las plantas de interior en verano

Ya sea porque jugar con agua siempre es divertido o por imitar a los adultos, a los más pequeños de la casa les encanta regar y especialmente en verano. Aprovechemos este interés para reflexionar para qué y cómo y, de paso, revisar si hacemos bien una de las tareas cuya sencillez solo es aparente.

Lo ideal es que los niños utilicen una regadera manejable con orificio de salida estrecho. Fotos: Álvaro Fernåndez-Iruegas Pombo

Texto_ Rojomenta, formación y proyectos de jardinería ecológica

Como sucede con otras tareas del hogar, regar es un quehacer que los niños quieren imitar. Y esa imitación es una oportunidad maravillosa para el aprendizaje. El riego responde a una necesidad que debe ser entendida y guiada a través de pautas, al igual que lo son otras conductas imitables como limpiar, cocinar o dar de comer a una mascota.

Llenad una regadera y, antes de empezar a regar, preguntadles por qué hay que hacerlo. La respuesta dependerá de la edad de nuestro pequeño ayudante, pero si solo nos quedamos en un “porque necesitan agua para vivir”, ya sería una gran respuesta. Estaríamos comprendiendo que en nuestras manos está el cuidado de un ser vivo.

Si su curiosidad lo permite, podemos ir un poco más allá. Las plantas necesitan agua, luz y aire para realizar la fotosíntesis, un proceso asombroso mediante el cual fabrican su propia energía. Y aquí aparece una idea importante: no todas necesitan la misma cantidad; dependerá, entre otras cosas, de cuánto transpiren.

Pensemos en la luz

Si la luz es necesaria para la fotosíntesis, podemos plantearles una pregunta y dejar que la razonen. ¿Qué planta consumirá más? ¿La que está bien iluminada junto a la ventana o la que se encuentra en un rincón más oscuro? Dejemos que lo piensen. En general, aquella que recibe mejor iluminación tendrá mayor actividad y también perderá más agua por transpiración, por lo que precisará aportes de agua más frecuentes.

A continuación podemos reflexionar sobre las diferencias de riego entre especies. Nuestra propia diversidad ayudará a entender que todos tenemos necesidades distintas. Invitémosles a imaginar los lugares donde de forma natural crecen nuestras plantas de interior. Pensad en un cactus en el desierto, donde llueve muy poco. Ahora imaginad un helecho en una selva tropical, envuelto en una humedad constante.

De cara al verano, lo más importante será transmitir que, aunque nosotros tengamos mucho calor, no debemos encharcar las plantas, pues no todas están plenamente activas en esta época y en muchos casos la climatización mantiene la temperatura del hogar más estable de lo que parece.


Manos a la obra: ¡mucho más que un juego refrescante!

1. Antes de regar, comprobad si el sustrato está seco en la superficie. Si la maceta es grande, introducid un palito de madera para averiguar si hay humedad en profundidad (foto 1, abajo).

2. Aunque habrá que aceptar la parte divertida de mojarse, ofrecedles una regadera manejable con orificio de salida estrecho. También se pueden utilizar frascos lavadores de laboratorio (foto 2).

3. Enseñadles a utilizar un pulverizador para refrescarlas (foto 3). Pero explicadles que no a todas las plantas se les pueden mojar las hojas, por ejemplo las que son vellosas.

4. Levantad una maceta antes y después de regar para aprender a reconocer el peso de la tierra húmeda (foto 4).


El sustrato y el tamaño de las macetas

Una vez que los niños han comprendido para qué necesitan las plantas el agua y con qué frecuencia, podemos plantearles otra pregunta: ¿quién retiene el agua? De todas las funciones que cumple el sustrato, la de conservar el agua y ponérsela a disposición a las raíces es tal vez la menos intuitiva frente al aporte de nutrientes y el propio sustento de la planta.

Además, la forma de hacerlo varía en función de los componentes de las mezclas, así como del material de las macetas. Diferentes porcentajes de turba, fibra de coco, perlita o arena hacen que el sustrato mantenga una disponibilidad de agua mayor o menor. También influye la transpirabilidad del recipiente: si es de plástico transpirará poco; si es de terracota, mucho más. Podemos jugar con los niños a reconocer los componentes, tocarlos y experimentar con ellos.

Sabiendo que es el sustrato el que retiene el agua, podremos avanzar en la comprensión de puntos clave en el riego. Por ejemplo: que en las macetas más pequeñas, al tener menor volumen, el sustrato se seca antes. O que una planta con muchas raíces dispone de menos tierra y exigirá un riego más frecuente. Además, es esencial entender que las macetas deben tener drenaje para que pueda salir el excedente de agua.


Un par de pruebas

• Preparad macetas iguales con diferentes sustratos: universal, arena o corteza. Añadid la misma cantidad de agua a cada una y comprobad con un vaso medidor cuánta sale por el agujero de drenaje en cada caso.

• Sacad el cepellón de una planta grande para valorar cómo, aunque la superficie esté seca, la parte profunda puede retener bastante humedad (foto de abajo).

  • Comprobar la humedad del sustrato
    Comprobar la humedad del sustrato

    Antes de regar, comprobad si el sustrato estĂĄ seco en la superficie. Si la maceta es grande, introducid un palito de madera para averiguar si hay humedad en profundidad.
    Foto: Á. Fernåndez-Iruegas Pombo

  • Con un frasco lavador de laboratorio
    Con un frasco lavador de laboratorio

    Los frascos lavadores de laboratorio son un buen instrumento de riego.
    Foto: Á. Fernåndez-Iruegas Pombo

  • Un pulverizador para refrescarlas
    Un pulverizador para refrescarlas

    Algunas plantas, no todas, agradecerĂĄn las pulverizaciones con agua.
    Foto: Á. Fernåndez-Iruegas Pombo

  • Reconocer el peso de la tierra mojada
    Reconocer el peso de la tierra mojada

    Una de las formas de saber cuĂĄndo regar es por el peso de la maceta.
    Foto: Á. Fernåndez-Iruegas Pombo

Reportaje completo nº 108 >> página 48