Jardines que ayudan a curar (1ª parte)
Los jardines y la actividad jardinera aportan por sí mismos innumerables beneficios a las personas, pero su poder sanador se convierte en terapéutico en los hospitales y centros de rehabilitación y apoyo a enfermos que proporcionan espacios verdes ajardinados accesibles a los pacientes, el personal sanitario y sus acompañantes. “En muchos casos, los jardines y la naturaleza son más potentes que cualquier medicación”, sostenía el célebre neurólogo y escritor Oliver Sacks. Algunos de estos jardines terapéuticos, obra de renombrados paisajistas, aparecen en este reportaje.
No puedo decir exactamente cómo ejerce la naturaleza sus efectos calmantes y organizativos en nuestros cerebros, pero he visto en mis pacientes los poderes reparadores y curativos de la naturaleza y los jardines, incluso en aquellos con discapacidades neurológicas profundas”, se lee en Everything in Its Place, la colección de ensayos póstumos de Oliver Sacks, publicada en 2019. El célebre neurólogo afirmaba que en sus 40 años de práctica médica solo había encontrado “dos tipos de terapias no farmacéuticas vitalmente importantes para pacientes con enfermedades neurológicas crónicas: la música y los jardines”. Unas cualidades sanadoras que no solo benefician a los pacientes neurológicos.
En manos de destacados paisajistas, el poder terapéutico de los jardines cobra forma desde hace tiempo en centros del Reino Unido especializados en lesiones de la médula espinal —Horatio’s Garden—, centros de apoyo a los pacientes oncológicos —Maggie’s Centres, organización a la que pertenece también el centro Kálida de Barcelona— y hospitales generales sobre todo en Estados Unidos —en Therapeutic Landscapes Network, healinglandscapes.org, figura una larga lista de centros con jardines y paisajes que promueven la salud y el bienestar—, a los que hoy se suman la cubierta ajardinada del Hospital del Mar en la capital catalana y los jardines de la clínica Floridsdorf de Viena, ejemplos sobresalientes dentro de una tendencia en expansión.
Variedad floral, accesibilidad, diversidad de espacios
El verdor del jardín serena y anima a la vez, ofreciendo pequeñas sorpresas: brotes nuevos, flores que se abren, perfumes, semillas, la visita de mariposas, abejas, pájaros... “Un mayor nivel de complejidad natural en un jardín se asocia a un mayor potencial de restauración”, se lee en el capítulo Panorama desde el hospital del libro de Sue Stuart-Smith. “Si hay muy poco verde, el jardín no es tan relajante o beneficioso. La complejidad natural también ayuda a atraer flora y fauna silvestres y maximiza los efectos terapéuticos del jardín como microcosmos”. Pero también ha de incluir zonas soleadas y rincones resguardados. “Los jardines que nos ofrecen tanto vistas como espacios protegidos satisfacen nuestra necesidad de perspectiva y refugio”, explica. “Así como la sujeción física o emocional puede ser protectora y abierta a la vez, el jardín puede proporcionar una sensación de seguridad sin reclusión”. Un abrazo verde “donde uno puede seguir sintiéndose muy conectado a la vida”.
Para proporcionar todos estos beneficios, los jardines terapéuticos deben asegurar la accesibilidad mediante caminos amplios, libres de barreras y con una pavimentación que facilite los paseos seguros y el tránsito suave de las sillas de ruedas, e incluso camas rodantes, como en los Horatio’s Garden. “Un jardín terapéutico es una intervención sanitaria y, como forma de tratamiento, debe estar cuidadosamente adaptado a las personas que lo van a utilizar”, escribe la autora inglesa. Cuenta que cuando el paisajista Cleve West encaró el diseño del primer Horatio’s Garden (en la foto de arriba) pidió que le transportaran en camilla y silla de ruedas: “Se sorprendió de lo mucho que se notaban todos y cada uno de los más pequeños baches y de lo vulnerable y desvalido que se sentía. Esta experiencia le dio una nueva perspectiva sobre el proceso de diseño”.
Horatio’s Garden, Reino Unido
Salir a un hermoso jardín, disfrutar paseando de su exuberante vegetación, escogida para ofrecer un continuo de estímulos sensoriales, visitar un invernadero, cultivar en parterres adaptados, participar en talleres de jardinería y de arte forma parte del día a día en los largos meses de rehabilitación que afrontan tras una lesión medular los pacientes de los ocho (pronto nueve) hospitales del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido que cuentan con un Horatio’s Garden.
“Todos los aspectos del apoyo se basan en la evidencia, y sabemos que estar en el jardín puede mejorar la salud mental y física, distraer del dolor, aumentar los niveles de vitamina D, mejorar el sueño y la actividad a largo plazo”, destaca la organización benéfica que crea y mantiene estos jardines terapéuticos.
Llevan el nombre de Horatio Chapple, cuyo voluntariado con pacientes con este tipo de traumatismos le convenció de que un jardín ayudaría notablemente en su recuperación. Tras su trágica muerte a los 17 años, sus padres decidieron cumplir su deseo. Lo han hecho realidad renombrados paisajistas, entre ellos Cleve West, autor del jardín —el primero— en el hospital de Salisbury* (en la foto de arriba); Bunny Guinness, en el centro de Midlands (foto 1, abajo); Tom Stuart-Smith, en el centro London South-East (foto 2, abajo). Son jardines excepcionales, cuya gran riqueza en especies se puede consultar en horatiosgarden.org.uk.
Hospital del Mar, Barcelona
En los jardines Maite Forner, creados por el estudio de paisajismo DosAdos, que dirige Ana Carol, en las cubiertas de la tercera planta de la ampliación —Edificio B2, proyectado por los estudios de arquitectura BrulletdeLuna y PineArq— del Hospital del Mar de Barcelona, los pacientes, personal médico y visitantes disfrutan de un bosquecillo mediterráneo con vistas al mar y al parque de la Torre de les Aigües.
Son jardines donde se han considerado elementos terapéuticos beneficiosos, como son la vegetación y la vida silvestre asociada, amplios paseos accesibles para sillas de ruedas, zonas de descanso con sombra y sol, miradores y espacios más privados, lo que fomenta el disfrute de la naturaleza y los cambios estacionales, todo ello adaptado a las necesidades del entorno hospitalario. Pero es también el pulmón verde del nuevo edificio: contribuye a que sea más eficiente y sostenible.
Las especies escogidas, nativas en un 70% y el resto adaptadas al clima y la influencia marina, son de bajo consumo de agua, sostenibles y de fácil mantenimiento, acordes a los parámetros de la certificación LEED. A la diversidad de especies arbóreas y arbustivas —olivo, taray, palmito, lentisco, filirea, pitosporo enano, artemisa, euforbia— se suman plantas de floración estacional y gramíneas en las zonas próximas a la circulación y detrás de los bancos corridos. En las áreas de pradera, la Phyla nodiflora crea alfombras verdes de bajo riego.
• Entrevista con Sue Stuart-Smith, autora de ‘La mente bien ajardinada’





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