Ni ágaves ni aloes: se llaman dyckias y son bromelias
Por sus rosetas de largas hojas dentadas es fácil creer que las dyckias son plantas suculentas emparentadas con los ágaves y aloes, con los cuales suelen compartir espacio en los jardines secos y soleados. Son en realidad bromelias y, como tales, no almacenan agua en sus tejidos, pero toleran bien la falta de agua y en casos extremos entran en dormancia. Son óptimas para macetas y xerojardinería.
Ni epífitas ni aéreas, las dyckias son bromelias terrestres ideales para los jardines secos y de grava por su baja demanda de agua y su tolerancia al calor y la sequía. En sus hábitats de origen de Sudamérica suelen crecer en terrenos pedregosos o en afloramientos rocosos bañados por el sol. Destacan por sus rosetas bajas de hojas fibrosas, estrechas y largas, con dientes en los márgenes y acabadas en punta. No son suculentas, pero viven a gusto en compañía de ágaves, aloes y cactus, que sí lo son y con quienes comparten similares exigencias de cultivo. Por su tamaño —en general no superan los 40 cm de diámetro— lucen de maravilla en tiestos y jardineras.
La felpa plateada de las dyckias
Como en las tillandsias, las plantas del aire que pertenecen a su misma familia, el follaje de las dyckias está revestido total o parcialmente por una suave felpa de tricomas, minúsculas escamas en forma de pelos. Esta suave capa les sirve para captar la humedad del rocío y defenderse de la sequedad ambiental y la fuerte insolación, pero al mismo tiempo es uno de sus atractivos: sus reflejos plateados realzan las tonalidades verdosas, amarillas, rojizas o grises de las hojas.
El género incluye alrededor de 130 especies aceptadas, la mayoría de ellas nativas de Brasil, que se hibridan con mucha facilidad. Entre ellas destacan la Dyckia marnier-lapostollei, que ha dado pie a cultivares de gran belleza; la Dyckia delicata, cuyas hojas estrechas se arquean hacia abajo dándoles a las rosetas forma de cojín, y el híbrido ‘Black Gold’, de abundante follaje púrpura casi negro.
Las decorativas Dyckia marnier-lapostollei
Por sus cualidades ornamentales y su fiabilidad, los cultivares de la brasileña Dyckia marnier-lapostollei son muy apreciados en jardinería. La densa felpa blanquecina que recubre sus largas hojas de sierra, incluidos sus llamativos dientes curvos, alcanza su máxima expresión en las recurvadas rosetas plateadas de ‘Gran Marnier’ (abajo). En ‘Brittle Star’ (abajo) y ‘Burgundy Ice’ (abajo) las tonalidades metalizadas contrastan con el cálido marrón verdoso o el borgoña del haz de las hojas.
Estas dyckias crecen lentamente formando rosetas de unos 30-40 cm de diámetro y 20-30 cm de altura. Los ejemplares maduros pueden producir en verano largas varas florales con unas pocas florecillas tubulares de un brillante color naranja. Son plantas ideales para cultivar en tiestos y jardineras profundos, donde quepa su aparato radicular, así como en rocallas y jardines secos, en solitario o entre plantas con las que compartan las mismas exigencias.
Un suelo con buen drenaje y riego escaso
Las Dyckia marnier-lapostollei son plantas de fácil mantenimiento:
• Necesitan mucha luz para mantener la coloración. Viven bien al sol o en semisombra y precisan una atmósfera seca y ventilada.
• Pueden soportar el calor y periodos cortos de frío —hasta -7º, zonas 9-10—, aunque siempre conviene protegerlas de las heladas.
• Resisten bien la sequía, pero si es severa entran en dormancia.
• El sustrato debe asegurar un perfecto drenaje ya que no toleran el exceso de humedad a nivel de las raíces, sobre todo si hace frío.
• El riego ha de ser escaso, dejando secar el sustrato del todo entre riegos. En invierno debe reducirse al máximo. Hay que evitar mojarlas.
• No es preciso abonarlas, excepto si viven en tiesto. En ese caso lo indicado es aportarles un fertilizante para cactus y suculentas.
Agradecemos a Medipalm su colaboración en este artículo.






