Verde es Vida nº 83

50 verde es vida TRES GRANDES CASAS, UN MISMO LINAJE El linaje que hizo nacer el Palacio de las Dueñas, construido entre las postrimerías del siglo XV (1496) y el XVI, el de los Enríquez de Ribera, Adelantados de Andalucía, dio a luz otras dos grandes casas andaluzas, el Palacio de Pilatos, solar sevillano de los Duques de Medinaceli, y el Palacio de Bornos o de los Ribera, en el norte de la provincia de Cádiz. Si el Renacimiento se hizo notar en Las Dueñas hibridándose con lo mudéjar, en Pilatos y Bornos se construirían novedosas arquitecturas a la italiana para acoger la colección de mármoles y escultura clásica que trajo consigo el I duque de Alcalá de los Gazules, Per Afán de Ribera y Portocarrero, que había sido nombrado virrey de Nápoles por Felipe II. Pero si hay algo que hermana a los tres es el gusto jardinero y ese exuberante diálogo entre lo exterior y el interior. El Palacio de las Dueñas pasó a manos de la Casa de Alba en 1612 por el matrimonio de Antonia Enríquez de Ribera, IV marquesa de Villa- nueva del Río —una descendiente de la poderosa Catalina de Ribera, que intervino en la construcción de los tres palacios—, con Fernando Álvarez de Toledo, IV duque de Alba. Fue la residencia preferida de la XVIII duquesa, Cayetana de Alba, que murió en esta casa en 2014.  Acceso al patio desde el Jardín de los Limoneros a través de un arco mudéjar. Entre flores de bugan- villas, una ventana neo- mudéjar con parteluz.  Entre los árboles del Jardín del Apeadero se mezclan los naranjos, jacarandas (de flor azul, en la foto), cinamomos cipreses y palmeras .  Fuente octogonal y bancos cubiertos con cerámica vidriada en el punto central del Jardín de los Limoneros. FOTOS: JESÚS MORAIME GRANDES JARDINES senderos de albero sobre los que se derraman los rosales de los arriates. En lo alto, el azul violáceo de las jacarandas y el ritmo comba- do de las palmeras contrasta con el satura- do morado de las buganvillas que cubren la fachada del gran salón de este palacio que hunde sus raíces en el Medievo. Atravesando el apeadero, el peristilo mu- déjar nos acoge en el corazón de la casa. Co- munica a los salones el trinar de los pájaros, el rumor del agua en la fuente y el canto del viento al pasar por las palmas y las frondas del gran laurel. Yeserías góticas y renacentis- tas acompasadas de almagra y albero, junto a arrayanes, aspidistras, calas, geranios y rosas dan un sentir exótico a este espacio desde el que se ilumina y ventila el palacio. ▷

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