Descripción
El nomeolvides es desde la Edad Media uno de los símbolos del amor, el poético nombre de las pequeñas flores azul celeste del Myosotis, que en primavera irrumpen en abundancia cubriendo matas bajas de aire silvestre que desaparecen en invierno. El que se cultiva en los jardines pertenece a la especie Myosotis sylvatica, nativa de los bosques templados de Europa, que ha dado origen a un gran número de cultivares, que han multiplicado los tonos de azul e incluyen el blanco y varios rosados (ver el texto en verde). Es una vivaz de vida corta cuya fibrosa raíz le permite soportar bajo tierra temperaturas muy bajas, aunque lo habitual es cultivarla como anual o bienal y desecharla tras la floración. Las plantas alcanzan entre 12 y 30 cm de altura y 15 y 20 cm de extensión. Es de fácil cultivo y mantenimiento.
Estructura, follaje, flores y frutos
Forma pequeñas matas de finas ramillas provistas de hojas vellosas de 2,5 a 7,5 cm de largo. En el cultivar ‘Blue Ball’* (en la foto), de apenas 15 cm de altura y diámetro, son especialmente compactas y redondeadas. Hacia abril, el nomeolvides empieza a emitir cimas florales en las que se agrupan numerosas florecillas de cinco lóbulos con el centro amarillo o blanco; son melíferas y muy apreciadas por las abejas y otros polinizadores. La floración, más copiosa en primavera, se extiende hasta el verano. Da pie a gran cantidad de pequeñas semillas negras, lo que le permite resembrarse, a veces en abundancia, y naturalizarse.
Cultivo y cuidados
En los climas cálidos es clave plantarlo en sombra parcial para resguardarlo de la fuerza del sol directo, sobre todo el del medodía y la tarde. Prefiere los suelos ricos en materia orgánica, húmedos y bien drenados. Necesita riego moderado con regularidad, evitando que el sustrato se seque, pero también el encharcamiento. Un acolchado ayudará a conservar la humedad del suelo. Agradecerá el aporte de abono orgánico al final del invierno y debe ser protegido de las heladas tardías. Se multiplica fácilmente por autosiembra, que se controla eliminando las cimas florales justo al concluir la floración. Se siembra en semilleros entre marzo y mayo o en septiembre y octubre; las plántulas se trasplantan al jardín en abril-mayo, una vez que ha pasado el riesgo de heladas; florecerán al año siguiente. Suele gozar de buena salud, aunque pueden afectarlo el oídio y el míldiu.
Usos
En borduras, parterres y rocallas, a los que aporta su aspecto silvestre, combinado con bulbosas de primavera (tulipanes, narcisos), al pie de árboles y arbustos caducifolios, y junto a estanques y cursos de agua. También en tiestos.
* Cuenta con el Award of Garden Merit (AGM) de la Royal Horticultural Society por sus buenas cualidades jardineras.
Foto: Dara Gallagher

